La luz con bombas sepultada

ANTONIO GARCÍA HERRUZO
(Maestro)


“Definitivamente al puzle de la U.E. le falta una pieza: LA VERGÜENZA” (Luis del Olmo. Diario El País.)

Cuando el género humano es herido por una grave locura colectiva, por el hecho de ser común y universal, no es advertida ni recibida como locura. Ya advertía PÍO BAROJA que “... a una colectividad se la engaña siempre mejor que a un hombre”. Ay, la Historia siempre la escriben los poderosos! Ahora un acto de terrorismo civilizado(?) ha sacudido las conciencias de los hombres de buena voluntad:

Día 3 de Octubre de 2015. Aviones inteligentes (¡ja!) de U.S.A han bombardeado, hasta en cinco ocasiones, un HOSPITAL DE MÉDICOS SIN FRONTERAS, en el desdichado Afganistán. El balance es abyecto, insultante: 20 médicos de M.S.F. han dejado allí sus vidas más ocho pacientes y diez niños allí hospitalizados. Sí, amigo lector, en el expediente “S” (S de Sangre) otra vez la canalla yanqui, vuelve a escribir una nueva página de escalofrío, pánico y terror: HIROSHIMA, NAGASAKI, VIETNAM, COREA, HAITÍ, GUYANA,… y un largo e inacabable etc. Sí: aunque ellos (U.S.A.) se proclamen los guardianes del Planeta, vuelven a entrar, a sangre y fuego, como salvajes verdugos de la más candorosa inocencia.

En esta mala y vergonzante hora en que los mamporreros mandatarios europeos callan sus voces frente al colosal atropello, vienen a mi memoria aquellos hermosísimos versos de NERUDA, exiliado en MÉXICO: “Maldito U.S.A., pero ¿qué puedes tú, maldito, contra el aire?. Que puedes tú, canalla, contra todo lo que florece, y surge espléndido, y calla, y mira, y me espera y te juzga?. Sí. Maldito U.S.A , déspota coronado de odio y opulencia”.

Siria, país hermano, tiembla bajo penitenciales dolores: lo que allí está sucediendo no hay Dios ni Estado que lo justifiquen, es decir, que lo fundamenten. UBI EST O.N.U.?, esa fétida e inútil excrecencia de los yanquis, refugio de innobles burócratas y jubilados militares. Ese engendro que consume al año un presupuesto de más de diez mil millones, o sea diez mil millones de vergüenzas. ¡La O.N.U: refulgente espectáculo de la inepcia universal! Sí, sabemos que carece de poderes ejecutivos para imponer la ley internacional, ni de un Estado Mayor, ni de un ejército (quizá eso la salva, o nos salva). Hay ante tanta zafiedad un clamor universal de que la O.N.U. (Organización Nada Útil) desaparezca de una maldita vez, y que ruede al abismo con su madrastra americana: U.S.A. GO HOME! Contra ellos, todos, ¡ya!

Corría la segunda mitad del siglo XVIII. Un ilustrado alemán de libre pensamiento, Lichtenberg, dejó escrito: “Ni siquiera la mejor política es para el estado de Europa lo que un buen barómetro para el tiempo”. ¿Han cambiado hoy las cosas? ¿De qué vale una política que no rige sino que se somete? La U.E, para no echarlo todo a rodar –incluido ella misma—, debe cambiar de arriba abajo. Porque, con la historia en la mano, los europeos tenemos mucha experiencia en destrozar ideales: Los del pensamiento griego que nos definían, los abatimos con la deificación del dinero; los del cristianismo, con la Inquisición inmisericorde y las guerras de religión; los del Nuevo Mundo con expolios y matanzas; los de la Revolución Francesa, con el terror y la burguesía; los de la filosofía germánica, en el exterminio nazi; los del movimiento obrero, con el estalinismo y las feroces dictaduras; y, en definitiva, los de tolerancia y diálogo, con los rebrotes nacionalistas y xenófobos de estos días.

Termino ya. Duele recordar cómo desde el principio del mundo viene corriendo ese muerto: El que empezó siendo intacto muchacho sacrificado por su hermano el maldito, y que luego se puso viejo y tan duro como metal más sombrío. Milenios después aún las naciones le abren paso, le dejan que extienda su peste y sus ríos de sangre, pactados y consensuados en los despachos oficiales.

¡¡Vil madrastra Europa: tú nos has engañado!! Tus tiernas avenidas pobladas de corderos, han sido tomadas al asalto por torvos y ásperos mastines financieros que designan los hombres como espinos, que clavan sus feroces ataques a las piernas y las manos de todos los que pasan, ajenos, por tus campos. Sí. Pocos somos aún, pero nuestras lámparas siguen encendidas, ardiendo más altas que el dólar (o el euro) ensangrentados, delatando a los insaciables banqueros y a sus compinches mandatarios.

No, no somos muchos. Los más se apartaron cabalgando el corcel desbocado del dinero. Sufrir por vencer al que vino a vencernos, ese será nuestro sino. ¡Estamos con vosotros, médicos vilmente masacrados, niños a los que les dieron por pan dura metralla! Nuestros ojos, politicastros corruptos y taimados, nunca duermen: pupilas siempre al acecho, de noche y de día, de vuestros desmanes; sí, ¡os vigilamos, os vemos, y no encontraréis ningún despacho oficial donde esconderos! “Sermones repentes per humum”. (*)

¿Unión Europea? Si a esto se llama unión, a mí que me den conflictos. Y si la “unión hace la fuerza”, pronto estaremos para el arrastre. ¡Qué decepción! Parece que la Humanidad, por mucho que avance, está sujeta a idénticos errores. Y sus políticos en el limbo: los de la derecha hechos con la materia del dinero, y los de la izquierda con la de los sueños. Pero yo sé también que los sueños deseados con ardor acaban por cumplirse, porque, “ser europeo”, sí; pero primero ser… coño… ser!: “Civis in libertaten vindicare!” (*)

(*) Marco Tulio CICERÓN (“De libertas natura”).


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