Desde mi ventana de Southampton... La huerta eléctrica

MIGUEL CARDADOR MANSO
(Ingeniero Superior Industrial)


El 9 de Octubre, el Consejo de Ministros aprobó el polémico Real Decreto –uno más- sobre el autoconsumo eléctrico. Muchas cosas se han pronunciado para descalificar esta decisión: “el impuesto al sol”, “es como pagar por los tomates de nuestro huerto”, “nos roban el sol”, etc. Shakespeare dijo: “en ocasiones, la palabra sirve también para no decir la verdad; no, no es que se mienta, simplemente, se dicen medias verdades”. Basándonos en el ejemplo más usado a la hora de derribar las escasas pinzas de las que cuelga la defensa de este RD 900/2015, comprobaremos que el dramaturgo inglés acertó de pleno.

Lo primero, explicar que con este decreto tanto los consumidores como los productores conectados a la red eléctrica que tienen instalaciones de energías renovables, están obligados a poner un equipo de medida para cuantificar la energía generada destinada a su autoconsumo, cobrándole un cargo fijo y otro variable en consecuencia.

En principio, el precio total del kWh será menor por esta vía que obteniéndolo directamente de la red, aunque todavía no se sabe la cantidad exacta ya que hay algunos términos sin concretar. Añadir, que se exceptúan de la aplicación del presente real decreto las instalaciones aisladas y los grupos de generación utilizados en los casos de interrupción eléctrica.

Estoy en desacuerdo tanto con la aplicación final del documento definitivo, como con la incompleta versión que se ha dado de que el real decreto coloca un vigilante a la salida de la huerta –placas solares- de los propietarios, que registra y cobra un importe por los tomates recolectados –electrones-, por ejemplo por Juan, quien posteriormente elabora un rico gazpacho con ellos –ver la televisión, poner la lavadora, etc.-. Así, el trasfondo de la resolución está incorrectamente ilustrado, y se podría considerar como una estafa genialmente planeada por Paul Newman y Robert Redford, en la película El Golpe.

Lo objetivo es agregar, que el dinero recaudado por el vigilante se destina a pagar un servicio 24 horas consistente en que un supermercado de la zona –compañía eléctrica- guarde a Juan una reserva constante de tomates para llevarle una caja a su puerta los días en los que la autogeneración es deficiente respecto a su demanda -un día nublado-. Luego, él se puede ir a casa con ellos como si nada hubiera pasado, tras abonar a parte lo que cuestan los mismos, claro está. Es lógico que esto se intente regular en esa dirección, pues lo injusto residiría en, que quienes paguen el servicio dispuesto para socorrer a Juan –con más tributos en la factura- sean el resto de vecinos que diariamente acuden al supermercado a comprar. Dejando atrás el símil, el pago está destinado a sufragar el coste de tener a punto las centrales y la red asegurando el suministro eléctrico ante emergencias por escasez de viento o sol.

Aprovecho para intentar abatir otra de las leyendas urbanas, los supuestos favores del gobierno a sus amigos de las eléctricas. Cierto es, que desde 2007 se estima que el recibo de la luz para las familias españolas se ha incrementado entre un 50% y un 70%, lo que nos encumbra como la cuarta tarifa más cara de toda Europa -detrás de Dinamarca, Alemania e Irlanda-. Es vergonzoso, pero no nos confundamos, el 75% de esta subida corresponde a impuestos, tasas y otros recargos que financian las políticas públicas, es decir, que han ido directamente a las arcas estatales. Y gran parte del 25% restante, pertenece al incremento de los costes de producir energía, tales como el aumento de la valía de materias primas.

Y a diferencia de lo que se cree, reales decretos como este del autoconsumo suponen a las compañías eléctricas millones de euros para adaptarse a su cumplimiento y escasos ingresos extras.

En definitiva, nuevamente el Gobierno y en especial nuestro “querido” ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, el cual parece empecinado en ser recordado como uno de los más odiados detrás de Wert; se vuelve a confundir en las formas y en las decisiones tomadas, aunque el fin pueda estar justificado como es en este caso. Como ya dije una vez, gobernar a golpe de aquí manda mi entrepierna, sin acuerdos, desemboca a constantes cambios de leyes y a la derogación de la democracia. De lo que no hay duda, es que esta medida es un palo más en las ruedas de los que tiran con más fuerza del carro de la economía española, la moribunda clase media y las castigadas pymes.


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