Pedir perdón

ANTONIO RUIZ SÁNCHEZ
(Periodista)

Ya que el ser humano goza de mayor inteligencia que el resto de seres vivos del planeta (aunque a veces no lo parezca) tiene más posibilidades de equivocarse, porque mayor inteligencia implica mayor responsabilidad y también mayor oportunidad de meter la pata.

Y es que muchas veces ofendemos a alguien con o sin intención o cometemos un error. Otras veces somos nosotros los que nos sentimos ofendidos por los demás.

En estas situaciones lo que hay que hacer es pedir perdón. ¿Qué fácil es decirlo, verdad? En la realidad es mucho más complicado. Pedir disculpas es un ejercicio que no se practica demasiado y que cuesta más de lo deseado.

Sin embargo, pedir perdón supone el fin de una situación de malestar entre personas. Cuanto más dure el conflicto, más sufren los implicados. Cuando hemos tenido una pelea con alguien o hemos discutido y la cosa queda ahí, se crea un ambiente de tensión entre las dos personas, que, aunque quieran aparentar lo contrario, lo pasan mal en silencio porque no han sido capaces de perdonar.

Según explica José Javier Ávila, experto en Educación, perdonar supone desterrar el resentimiento y la amargura que conducen a la infelicidad. También propone unos consejos para que perdonar y pedir perdón no sea tan complicado.

Por ejemplo, es importante que los padres enseñen a sus hijos que pronunciar la palabra “perdón” los hará más felices. Para que los niños vean lo positivo de pedir disculpas, se puede ver una película en familia y aprovechar las escenas en las que el protagonista reconoce su error y pide perdón por su actuación.

En el caso de los adolescentes es todavía más difícil. Ávila dice que los chavales deben saber pedir perdón a sus amigos porque tratan continuamente con ellos y tendrán los lógicos roces. Por ejemplo, pedir perdón a los hermanos pequeños es una buena fórmula para acabar con los enfados. También deben aprender que cuando sus padres les riñen es para corregirlos con el deseo de ayudarles a convertirse en mejores personas. Lo que no quita que los padres pidan perdón si alguna vez se han excedido en su autoridad. Y esto, por supuesto, deben valorarlo a su vez los adolescentes.

En definitiva, infinidad de situaciones de enfado y tristeza que se solucionan pidiendo perdón, pero que por orgullo, por testarudez, no somos capaces de hacerlo. Ante esto, no dejes que el orgullo te amargue.

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