Historia y patrimonio: Torrecampo

JUAN BAUTISTA CARPIO DUEÑAS
(Director del Museo PRASA Torrecampo)

Las mañanas del primer sábado de cada mes, un grupo de voluntarios organizado desde la Asociación Benéfico Cultural PRASA Torrecampo organiza una jornada de puertas abiertas que nos permite conocer los elementos más destacados del Patrimonio Monumental de Torrecampo y, a través de ellos, acercarnos a la historia de este pueblo. Porque sabemos que nuestro Patrimonio Histórico es una huella dejada por nuestro pasado, y esto es perfectamente visible en las calles de este pueblo.

La historia nos ha legado no sólo grandes construcciones religiosas, como la Iglesia de San Sebastián o las ermitas de Jesús y de Nuestra Señora de Gracia, sino también una serie de fachadas con grandes dinteles de granito que son reflejo del auge experimentado por el pueblo entre fines del siglo XV y fines del siglo XVI. Quizá sin el valor monumental que presentan algunas portadas del vecino Dos Torres, para mí es incuestionable el valor estético de las fachadas de granito de Torrecampo. Pero lo que hoy me interesa destacar de forma especial es la íntima relación que existe entre estas construcciones y la historia del pueblo.

Torrecampo nació como una pequeña aldea de Pedroche en algún momento cercano a mediados del siglo XV. En 1453 ya era un núcleo de población estable, para cuyos vecinos compró la villa de Pedroche la dehesa del Campillo de la Jurada. Desde este momento, su crecimiento fue muy rápido y en 1468 la aldea ya contaba con un primer concejo que sólo dos años después está intentando segregarse de Pedroche y obtener el “privilegio de villazgo”. Una independencia que Torrecampo obtendrá en 1479, convirtiéndose en “villa en sí”. Este rápido desarrollo político tuvo que estar necesariamente sustentado en un gran auge económico y social, basado esencialmente en el sector más pujante de la economía comarcal del momento: la industria pañera, organizada mediante un gran número de pequeños talleres de carácter artesanal.

Con esta base económica, la nueva villa de Torrecampo vivirá unas décadas de gran desarrollo, un crecimiento que sólo se detendrá cuando la nueva política fiscal puesta en marcha por Felipe II en 1574 provoque una importante crisis en el sector productivo castellano, que afectará de manera muy negativa a la industria pedrocheña de la lana. Durante el siglo XVII continuarán patentes las graves consecuencias de la crisis de una economía que sólo comenzará a remontar levemente a partir de comienzos del siglo XVIII, aunque sin alcanzar el dinamismo de los mejores tiempos.

Precisamente en el último tercio del siglo XV podemos fechar las primeras de las grandes portadas que comenzaron a ennoblecer la imagen de Torrecampo. Un ennoblecimiento que fue posible gracias a los beneficios que ofrecía la industria pañera, que habría proporcionado a algunas familias los recursos suficientes para levantar grandes casas con llamativas fachadas. Incrementando de esta forma no sólo la imagen social de la familia propietaria, sino la del propio pueblo. Un pueblo que ya no es una simple aldea con construcciones efímeras de tejados pajizos, sino toda una “villa” que, en el imaginario de la época, también podía ennoblecerse a través del embellecimiento de su trama urbana.

La Iglesia de San Sebastián o la gran ermita de Nuestra Señora de Gracia, justo a la entrada de la población, tendrán como una de sus funciones esenciales la representativa: dan muestra de la importancia de un pueblo que quiere dejar atrás cuanto antes el recuerdo de que había sido una simple aldea pocos años atrás. Y esa misma función de representación no sólo particular sino también colectiva tendrán las sólidas portadas de granito levantadas por las principales familias. Unas portadas de las que afortunadamente conservamos una buena muestra, la mayor parte de ellas fechadas precisamente entre fines del siglo XV y mediados del siglo XVI, coincidiendo (no por casualidad) con el auge económico, social y también político de Torrecampo.

Portada del Casino, de fines del siglo XV.

Aunque contamos con algún ejemplo de portada dotada de accesos cerrados mediante arcos de medio punto o rebajados realizados con grandes dovelas de granito, son más abundantes las que recurren a un dintel muy desarrollado, presidiendo una composición enmarcada con un alfiz de influencia mudéjar.

De todas estas portadas destacan especialmente dos. En primer lugar la de la conocida como “casa del Casino”. Profusamente decorada, es una construcción característica del llamado “gótico civil” de fines del siglo XV. El cuerpo inferior está dominado por el gran vano de acceso con ancho dintel que llevaría una inscripción, hoy perdida. En el cuerpo superior destaca una ventana doble (geminada) sobre cornisa, con escudo heráldico. Todo ello, enmarcado por moldura con bolas característico de la época de los Reyes Católicos. La composición presenta claras analogías con edificios de Valladolid, Segovia o Cáceres. La segunda portada destacable sería la de la antigua casa conocida como “Posada del Moro”, de claro diseño renacentista que podemos fechar en las décadas centrales del siglo XVI. A pesar de lo elaborado de su diseño, no prescinde del gran dintel característico de las fachadas nobles de Torrecampo.

Estas fachadas, junto con la Parroquia de San Sebastián, las ermitas o el Pósito nos hablan de la historia de un pueblo que, el primer sábado de cada mes, nos invitan a conocer mejor sus propios vecinos. La próxima visita, guiada por los voluntarios de la Asociación PRASA Torrecampo, tendrá lugar este mismo sábado 5 de septiembre a partir de las 10.30 de la mañana. Si queréis información complementaria, podéis acceder a la página de facebook de la Asociación o solicitarla en el correo electrónico revistaelcelemin@gmail.com. Estáis todos invitados.

Grupo de voluntarios de la Asociación.



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