En estos partidos debería de estar prohibido el empate

EMILIO GÓMEZ 
POZOBLANCO

El Polideportivo Municipal registró el pasado domingo una entrada espectacular y un ambiente precioso. Será difícil que se repita ese número de aficionados y ese ambiente de tarde de fútbol a lo largo de la temporada. Era un derbi. En estos partidos debería estar prohibido el empate. Esto los haría más bonitos, más locos, espectaculares, menos conformistas y con menos ansiedad en el campo. Los derbis son tan encorsetados que se repiten. El próximo será muy parecido a éste y el que venga, luego después, también.

Sin embargo, el derbi varió en algo. No fue como los de antes. Hace 20 años y 30 años se decía que los derbis se calentaban demasiado en la grada, con esa rivalidad absurda Pozoblanco-Villanueva. Hace tiempo que las gradas de Pozoblanco y de Villanueva son un remanso de paz en estos partidos. Curiosamente donde más tensión hubo fue en el campo. No sabemos a cuento de qué. Fue un partido muy bronco con juego por debajo, con codos sueltos, algún que otro cabezazo, corrillos de protestas, fullerías cuando se podía. Los entrenadores comentaban que fue un derbi de colosos, de guerreros pero en realidad fue un combate duro sin el balón de por medio. No había motivos para desatar tantas hostilidades. Los defensas cortesanos mutaron en legionarios y la fantasía se cambió por los garrotazos.

 /SÁNCHEZ RUIZ

Lo bonito es que se acabó el partido y los jugadores se despidieron entre abrazos. Es lo grande que tiene el fútbol. No obstante, antes de esos abrazos hubo muchas cuentas pendientes que afloraron en el césped. La primera cuenta pendiente que se intentó saldar fue la de Isidro. Cuentas recíprocas: Isidro-Pozoblanco. Salió enchufado. Marcó a los doce minutos. Peleó como el que más y también cuando pudo dio. Sus compañeros del año pasado le recriminaron “que el año pasado no salía con esas energías”. Luego declaró él que no se quedó de blanco por una diferencia de 40 euros. Algo que ocurre en estos tiempos. Quién lo iba a decir cuando Pozoblanco llegó a pagar,hace ochos años, 3.600 euros al mes a un jugador Pedro Curtido y el Villanueva lo mismo por Babi, ese mismo año. Hoy con lo que se le pagaba a esos jugadores, se le paga el sueldo a toda la plantilla.

El inicio del partido fue lo más sorprendente. Lo que parecía una pequeña ventaja del Pozoblanco gracias al factor campo, se inclinó de repente hacia los rojillos merced a ese Isidro peleón arriba y a un jugador que contaba hermosas mentiras con el cuerpo en la banda, Porfi, que volvió loca a la defensa blanca. Le faltó marcar. Si lo hubiera hecho después del gol de Isidro, el partido hubiera cambiado pero estuvo abierto siempre. El desmarque de Porfi al espacio libre es fabuloso. Siempre encuentra un sitio en el que correr y aparecer.

El abrazo de los capitanes antes del inicio del partido /SÁNCHEZ RUIZ

La puesta en escena del Villanueva fue atractiva y hasta suicida. Estaba preparada. Los que conocemos a Garrido y lo que son los derbis, sabíamos que no iba a durar mucho. Así fue. Veinte minutos. Al técnico del Villanueva le gusta más el orden como casi a la mayoría de entrenadores. Hoy el fútbol es de equilibristas pero no de los que hacen equilibrio en la cuerda sino los que hacen del equilibrio un fortín. El Villanueva con su gol pasó a protegerse. También el Pozoblanco, quien se asustó con el crujido inicial. Tardó en darse cuenta de que para desesperar al contrario lo mejor es tener el balón. No lo tuvo hasta el inicio de la segunda parte. En esta ocasión, todo el fulgor inaugural lo puso el Pozoblanco. A los cinco minutos encontró el premio. Alberto encontró un balón suelto y lo estampó contra la red. Los veteranos en este tipo de partidos son los que brillan. Son partidos de oficio.

Luego Garrido quitó a Porfi y ahí el Villanueva se despidió. Estaba tocado. Quitar a Porfi fue como cuando una de las madres de los niños que jugábamos en la calle, salía de su casa y mandaba a comprar pan y huevos a su hijo que era el mejor del barrio.

 /SÁNCHEZ RUIZ

Se acaba el partido aunque el resto siga jugando. Nada fue ya igual sin Porfi. Fue el único que no entró en la guerra del cuerpo a cuerpo.

Terminó el partido y se acabaron los miedos, las fobias y el ardor de estómago.

Perder un derbi es perder hasta el honor. Así se lo toman los jugadores. Empatarlo es salvarlo. Conceptos que pueden más que el espectáculo. Una pena porque el público que había quería un poquito más juego.


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