Días de feria

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)

Para muchos de nosotros no existe la feria de nuestra infancia ni tan siquiera la de nuestra adolescencia, pero gracias al poder de la memoria, podemos levantar las casetas de antes, entrar a los teatros con las entradas que en su día compramos y recordar los paseos en noria o en el látigo que nos dimos. Son viajes que duran para siempre. Es una sensación agridulce pues esos momentos los compartimos con familiares y amigos que algunos no están con nosotros para compartir la feria. Porque la feria no sería nada si no la compartiéramos y nos pusiéramos de acuerdo en acudir a ella. En las huchas rotas del fereo están también nuestras ilusiones quebradas, que también las hay. Nuestro viaje en la vida es como una noria donde subes y bajas. No te puedes quedar arriba siempre. Un día comprendes que tienes que tomártela tal y como vienes pues muchas cosas son imposibles de cambiar.

Nos fuimos de aquella feria hace muchos años posiblemente no sabemos cuántos, pero a menudo volvemos y entonces nos encontramos subiendo la calle la feria llena de gente, en medio del baile de una orquesta o de unos puestos que dejamos de ver hace a ños. A veces imaginamos que volvemos a esos sitios desaparecidos aunque la verdad es que nunca acabamos de irnos del todo de donde hemos estado. Es difícil irse cuando la mente y el corazón te invitan a quedarte.

Este año hemos visto como hay más gente. Está más animada. Ni de lejos se aproxima aquella feria que esperábamos muchos meses antes. El Recinto es demasiado grande para llenarlo y a la gente le gusta pasear con mucha gente. Nadie quiere estar solo. Necesitamos siempre de los demás incluso en feria.

Heredamos muchas cosas, costumbres, tradiciones, las historias sencillas y simples. Las heredamos un día aunque l uego l as s igamos t eniendo p ara ese siempre. Ese día en el que heredamos las cosas de nuestra feria está en nuestra infancia. Las cosas nacen en nosotros en el momento que nos sorprenden. Cada cosa en esa época o cada persona que descubrías suponía una novedad, una irrupción inesperada. Las ferias no son lo que eran pues no han recuperado el esplendor de los años pasados. Los mayores porque acumulan años de cansancio de años y ya no las viven igual ni la bailan como antes. Y a las generaciones que han llegado o hemos llegado después porque parece que nos da vergüenza bailar sin el cobijo de las sombras de la disco-caseta. Antes cuando la feria era un evento único, se esperaba más. Aquello lo era todo. Todo eso antes del atracón de fiestas que fuimos enlazando con el paso de los años donde hubo tiempo que cada día era una fiesta.

De ahí que siempre llevemos con nosotros esa feria de antes. El niño no ve el paisaje, se encuentra con él. Un día nos encontramos que estos días son especiales. No porque sean días de feria, sino porque los vivimos de manera diferente. Los días son iguales. Nosotros somos los que lo hacemos diferentes


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