Camino al otoño

EMILIO GÓMEZ

Se nos marcha el verano. Septiembre tiene más de otoño que de verano. Esta semana vimos como los niños tomaron las calles, creando embotellamientos a las horas de entrada y salida al colegio. Los chavales de ahora portan mochilas de legionarios. La cultura pesa y las palabras también. Ellos abren el curso escolar de los mayores también. Organizan el mundo adulto. Padres y madres estaban deseando entrar en la rutina del día a día, donde a partir de ahora los fines de semana se esperarán con impaciencia. Ahora se recibirá la noche con prisa. Todo se despereza mucho antes de la hora en la que ayer se desperezaba cuando era pleno verano. Ahora la fiesta se traslada a los recreos que son lugares ideales para contar historias infantiles.

Atrás quedaron las vacaciones. Se han retirado las hamacas blancas de las piscinas. Ya no serán precisas. El huerto está casi seco de tomates. Los armarios van recogiendo la manga corta. Solo dejamos lo preciso y poco a poco iremos sacando el abrigo y las mangas que lleguen hasta las muñecas.

El cielo va estrenando otro color. Cada día un poquito más gris. Se vuelve más romántico y menos ocioso. Va tomando forma la quietud del campo. En la vida es necesario salir y entrar. Es lo que da otro aire a las cosas. Estábamos deseando que llegara el verano pero también salir de él para volvernos más caseros, disfrutando de la noche envueltos pronto entre mantas. No hay como finalizar la jornada laboral, llegar a casa, introducir la llave en la puerta, abrir, pasar y cerrarla sabiendo que no saldremos.

En verano apetece salir pero en otoño quedarse en casa suele ser un placer. Lo peor es que a partir de ahora al ser los días más cortos es como si corrieran más por el calendario. La Navidad llegará casi sin darnos cuenta.

Septiembre nos trae siempre en sus inicios, ese aroma infantil y más que infantil, escolar. Quedan días de preparar todavía cosas que le faltan a la cartera del colegio, ordenar los lápices en el estuche y estar pendiente de los horarios.

Los despertadores suenan con más fuerza en este mes. Y luego mirar el reloj de la cocina que siempre suele estar adelantado y el del comedor para cuando hay que terminar el desayuno para tomar el camino al colegio.

Los niños también han tenido sus vacaciones en verano. No obstante, ellos no han tenido el efecto post-vacacional. Eso es de adultos.

Es hermoso darle la vuelta al calendario de la vida y que las cosas empiecen a llegar por sí solas como llega la lluvia, el frío aunque lo importante es mirar con atención las cosas que quedan con nosotros y las cosas que pasan.

Sabemos los meses, las estaciones y las fiestas que van a venir, pero no sabemos si estaremos en ellas y como las viviremos. En otro tiempo vivimos esas épocas. A veces me pregunto lo que fue de esas horas escolares donde codo con codo estábamos con compañeros que no sabemos en qué mesa se sentarán ahora. Cosas del paso del tiempo donde nadie tiene la vida asegurada para mañana. Es por ello que hay que vivir en las pequeñas cosas que tenemos en cada momento.

Aquel que se somete a sus deseos secundarios espera siempre una nueva primavera, otro verano y nuevos años. Va aplazando su felicidad convencido de que lo que está por venir será mucho mejor.

Volverá el verano en todo su esplendor. Seguramente volverá a hacer sol y calor sofocante. Estarán hondísimos y radiantes los cielos. Será mañana. Hoy vamos camino al otoño.


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