Se está perdiendo la costumbre de sentarse juntos en familia a comer

EMILIO GÓMEZ 
(Periodista)

Hace no tantos años, era una costumbre que se reuniera la familia alrededor de la mesa, para comer, cenar y dialogar. Parecía que esa costumbre había estado desde siempre y por lo tanto duraría para siempre. Nada más lejos de la realidad. En los últimos años, eso ya sólo lo hace una cuarta parte de las familias. Era lo que se llamaba compartir mesa y mantel. Un rato donde se compartían las cosas que pasaban en el trabajo, en el colegio y en la calle. Tertulias familiares. También había risas, enfados, de todo. Se perdió. Echando la vista atrás piensas en los mucho que ha cambiado todo. Es como si todos nos hubiéramos levantado de la mesa y hubiéramos hecho cada uno la vida por nuestra cuenta. Hablamos más con el móvil que con nuestra pareja, que con nuestros hijos. Hoy dicen los profesores que hay muchos padres que no conocen realmente como son sus hijos.

En esos ratos donde todos se sentaban a comer, se compartían muchas cosas. Luego llegaron los modernos que predicaban de que “cada uno debe de comer cuando le apetece”. Y no es que no lleven razón, a las cosas le puedes buscar siempre mil vueltas y encontrar la justificación que quieres. Lo que no se puede discutir es que era un placer comer en familia siempre que los horarios lo permitieran.

Ahora la televisión está llena de programas de cocina, de recetas fabulosas. En ningún programa destacan que más allá de la elaboración, las recetas o la textura del producto, está el hecho de compartir esos alimentos en la mesa todos. Tenían magia esas comidas familiares y las del fin de semana cuando se sumaba algún primo. Ahora eso no se lleva. Tampoco se puede llevar tan fácil eso de comer juntos como antes donde se veía el mismo canal de televisión. La variedad nos hizo dividirnos. Hoy los padres están comiendo en el salón con el niño matando marcianos en la videoconsola, la niña mandando whassap y con el silbido del móvil sin dejar de sonar recibiendo mensajes. A la mesa hemos invitado al móvil. Cada uno tiene un amigo tecnológico. Si no suena uno, suena otro. Y así hemos explotado los guiones de la mesa familiar. Es difícil alargar una conversación, también en el bar incluso en la escuela donde según me cuentan los recreos son de móvil en vez de juego.

Atrás quedó ese tiempo donde las comidas en familia empezaban por la compra. Y es que no hace tanto, se mandaba a los chavales y chavalas de la casa a comprar al comercio pan, leche, huevos, lo que hiciera falta. Muchas veces se iba sin dinero y te lo apuntaban. Hoy se compran en las superficies grandes, se llenan los carros y evidentemente nadie fía a nadie.

No hay hora para comer. Cada uno por su lado, perdiéndose tantas conversaciones que fluían en la mesa del comedor.

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