Los laberintos y enfermedades de la mente

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)

En los países considerados desarrollados como el nuestro, en los últimos 25 años, se ha visto como han aumentado de forma considerable las diversas patologías derivadas del sufrimiento y enfermedades de la mente, situándolas en la actualidad en unos índices muy altos, pues prácticamente el 50% de la población, en alguna etapa de su vida, necesitará de alguna ayuda profesional.

Si la alimentación para el cuerpo, obviamente, es importantísima, de la misma manera es la que proporcionamos a nuestra mente. Algo falla en nuestro mundo súper-desarrollado, cuando se dan estas proporciones.

Si la proporción la situamos en la esfera de nuestra comarca, quiere decir que de los 56.000 habitantes censados, más de 27.000 personas, en su recorrido existencial, acudirán al psicólogo o psiquiatra, amén de aquellas otras personas que se resisten a acudir al especialista, agravando así su padecimiento.

Tampoco es casualidad que los índices más altos de suicidios se den precisamente en los países teóricamente más desarrollados, encabezando este ranking, los países escandinavos y Japón.

Otra parte de ese padecimiento se produce en el propio entorno del que sufre la enfermedad, pues en muchas ocasiones las personas más cercanas no entienden el sufrimiento del enfermo, viéndolo como una persona rara, no comprendiendo su comportamiento, y esto produce aún más soledad, vacío e incomprensión en el que la padece.

Dentro de la diversidad de enfermedades psíquicas están las depresiones, con su multitud de variantes, siendo la segunda causa de las bajas por enfermedad, estando los bipolares, los monopolares. Tenemos también los trastornos obsesivos, siendo muchos y variados los contenidos obsesivos que se hospedan en la mente. Siguen la ansiedad y los ataques de pánico, donde van acompañados de taquicardia, pellizco gástrico, temblores, ideas negras, etc.

Podemos seguir con los trastornos de la personalidad, el denominado trastorno del control de los impulsos, y quizás uno de los más preocupantes, la esquizofrenia, que es uno de los más graves que trata la psiquiatría.

El sufrimiento que se tiene cuando se padece una de estas enfermedades es tan grande que se vive en un infierno terrenal, no importándonos nada lo que pueda ocurrir a nuestro alrededor, porque la inercia es tan negativa que la mente nos tiene atrapados en una espiral decadente de destrucción propia o de forma indirecta de lo que nos rodea. En el desenlace más trágico aparece el suicidio, que es cuando todos los mecanismos fallan y la muerte es el único alivio que se encuentra para poner fin al infierno terrenal. A mí particularmente me molesta y hasta me afecta, al acudir por desgracia a defunciones por suicidio, el poco respeto de algunas personas, con comentarios que no vienen al caso, y donde demuestran el desconocimiento que tienen de la psique y del gran sufrimiento que la persona que se ha quitado la vida ha tenido en las últimas semanas de ésta.

Mi propia experiencia me lleva a decir con rotundidad, que en momentos de mi vida he llegado a tocar el cielo en el estado mental, sintiéndome creativo y mascando la felicidad, teniendo lo más sencillo y austero, atreviéndome con retos como los 100 kilómetros de Madrid en pleno verano a campo a través corriendo. De la misma manera, he bajado al infierno más profundo con el trastorno obsesivo, donde a veces la muerte se perfilaba como un paso de alivio al laberinto oscuro sin salida.

Dar con el profesional adecuado, tener un proyecto de vida que comprenda trabajo, amor, amistad, apoyarse en la familia directa y compartir con un amigo o amiga que nos entienda de verdad en nuestro interior, es lo mejor para estar de pie en la vida.

Recordad que lo más importante es que cuando caigamos sepamos apoyarnos en los pilares antes mencionados, y sin ningún rubor o prejuicio acudir al especialista, y si este no acaba de darnos con la tecla, no desanimarnos y seguir acudiendo a otro psiquiatra o psicólogo que nos ayude en la parte farmacológica y de mejora en nuestra seguridad.

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