Hay padres que parecen ultras de fútbol

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO

Es cada vez más frecuente ver en los campos de fútbol a padres que juegan a ser entrenadores, árbitros y hasta ultras por su comportamiento. Sueñan con tener a un Cristiano o a un Messi en casa. Una estrella que les haga ser lo que ellos no fueron. Los entrenadores lo tienen complicado. Les cuentan los minutos que sacan a su hijo, las posiciones donde lo ponen-si son las adecuadas o no- y si a alguno le da más mimos que al suyo. Si no le gusta el comportamiento del mister quito a mi hijo que para eso es mío.


Pasan por delante de las ilusiones del nene que en edades tempranas se limitan a disfrutar con lo que están haciendo. No son casos aislados. Hay muchos comportamientos incomprensibles de padres y madres-las cuales no se quedan atrás-. Un día en un programa de radio contaba el ex del Pozoblanco, Pepe Hueso, que con 18 años llegó al Pozoblanco. Su padre no se enteró de que su hijo jugaba en este club hasta que no terminó la temporada. Antes ni siquiera los padres iban a ver jugar a sus hijos. Hoy los padres van hasta los entrenamientos que en otro tiempo eran en la calle con una torta y una jícara de chocolate. Cuestionan al entrenador, a las escuelas y por supuesto al colegiado. Siempre he dicho que en el fútbol lo importante es divertirse y siempre que se pueda, ganar. Nos encanta vencer a todos pero siempre sabiendo lo que se hace.

El fútbol es el deporte más bonito y la actividad con más fracasos del mundo. Todos aspirábamos de pequeños a ser estrellas del balón. Todos. No fracasamos pero no cumplimos nuestro sueño. Lo que no esperábamos era que los padres de ahora sueñen más aún que sus propios hijos con que estos lleguen a ser estrellas. Hay muchos chicos angustiados ante la posibilidad de decepcionar a sus padres. Esto debe de cambiar. Nos falta en esta era madurez. No solo a los adolescentes sino a los padres. Los chavales tienen que aprender, esforzarse, disfrutar y si pueden ganar que es una competición. Atrás quedó el pan con chocolate en esas calles donde apenas pasaban coches.

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