Encontrar la fuente

EMILIO GÓMEZ
(Periodista)

El otro día una señora muy mayor, me hablaba de cuando no había agua potable y tenían que ir a por ella con el cántaro, algo que les hacía ser fuertes desde edades muy tempranas donde había que encontrar la fuente y conocer que hay agua. Algo así como tener sed, beber agua o morirse de sed. Esa gente se derramaba en su pelea permanente por encontrar las cosas. Hoy es todo más sencillo las cosas están en un solo click. Más al alcance. Algo que nos llena de alegría aunque nos tiene que motivar para valorar más lo que antes se hacía sin tanta facilidad terrenal.

Empezó por ahí contándome esta señora, por el agua sin grifo y siguió con la vida de supervivencia que llevaban. Aquella existencia auténtica de vivir con lo justo. A lo mejor, era vivir en condiciones muy penosas, pero la gente era menos ansiosa. Tenía menos odio porque no había espacio ni tiempo para esas cosas “nos sentíamos vivos y dábamos gracias por ello” me contaba entre silencios con sus mejillas sonrosadas y pulcras mientras reflexionaba sobre el mundo insistiendo que ya no es ese lugar inhóspito y duro de antes, pues ahora hay casas confortables con aire acondicionado o calefacción. Es cierto. Nadie se quiere construir una existencia básica y sencilla aunque en algún momento todos hemos comentado que nos apetecía una vida en el campo o en el monte fuera de la rutina diaria.

Antes la gente que nos precedió le bastaba con tener cobijo y conseguir comida pero ahora estamos entre un frenético de tic-tac de relojes, entre una ambición desmedida por ser más o tener más. Me decía esta mujer “antes parecíamos más dichosos porque no conocíamos lo que era la dicha”. Posiblemente era una vida menos cómoda pero era una vida más natural, más animal-también- y más sencilla. Entonces, como dice esta señora, las salidas te las buscabas tú porque nadie venía a sacarte de donde tú puedes salir.

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