Distintos niveles de vacaciones

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)

Cuando el calendario da las últimas bocanadas del mes de agosto, es el fin del periodo vacacional para muchas personas. Si analizamos las distintas variantes del disfrute de esas vacaciones, en función no de los gustos o apetencias (que pueden ser más o menos caros, o incluso también baratísimos) sino de las diferentes posibilidades que se tienen (y se ven) según la capacidad económica de unos y de otros, nos aparecen apartados bien diferenciados del poder adquisitivo dentro de los españoles.

En una primera escala están los que se permiten el súper lujo de hacerlo en barcos de 40 metros o más de eslora, donde unos en propiedad y otros alquilando el barco al precio de unos 35.000 euros a la semana, copan el estatus de derroche económico, propio de banqueros, empresarios de fácil ganancial, presidentes de equipos galácticos, famosos artistas y periodistas y algunos otros, que también son famosos sin que se sepa muy bien por qué.

En otro nivel aparecen los que les gusta la exclusividad de villas, hoteles vip, chalet, etc., tanto en territorio nacional como en el extranjero, donde el coste de la estancia semanal no baja de 7.000 euros. A estos son muy aficionados los ex presidentes de gobierno y políticos de altas esferas.

Continuamos con la clase alta, que representa un 15% de la población de nuestro país, que pueden destinar unos 5.000 euros por siete días de relax.

Así podríamos seguir hasta llegar a las más bajas, donde también existen los casi milagros de matrimonios con dos hijos, que por unos 800 euros se les incluye la pensión completa, disfrutando también de la ansiada e “imprescindible” playa.

Estos son sólo unos cuantos ejemplos de los niveles de bolsillo, bien visibles dentro de la esfera del periodo estival, viéndose que desgraciadamente desde la crisis se han profundizado y agrandado más las diferencias entre unos y otros. Pero aún hay otros más significativos, como el del adolescente de 15 años senegalés que vive con sus padres y hermanos en Torrox, y que durante los meses de julio y agosto se dedica a vender por parte de la costa malagueña los cachivaches habituales para ayudar a su familia a poder comer tres veces al día. Eso sí, con un orgullo especial resalta: “llegué con mis padres cuando tenía un año, y los estudios los llevo al día, este próximo curso haré 4º de ESO, y hasta el momento no he suspendido ningún curso”. Mudú, que es como se llama el chaval, también sueña con poder vivir del fútbol. Según se define él mismo es un medio centro bastante completo y además suma un plus al ser ambidiestro.

La aspiración de Mudú, en esta época de canícula, es que alguien con conciencia entre tierna y solidaria tenga un puntito de luz para pagar un refresco y un bocadillo al chaval.

En penúltimo lugar están los que por unas causas u otras no han podido disfrutar de estas tan “ansiadas” y merecidas vacaciones. Esto puede ser como la soledad escogida, que puede ser fructífera y hasta placentera, pero cuando la misma es obligada, es amarga y dura. Sin embargo, son muchos también los plenamente conscientes que hoy en día el tener un trabajo es ya una auténtica bendición, y para nada están “ansiosos” de vacaciones.

Por último están los que han escogido nuestra comarca de Los Pedroches, con su rica oferta en gastronomía, peculiaridades, tradiciones y fiestas variopintas de cada pueblo, además de sus distintas y atractivas posibilidades de ocio en el campo, piscinas, práctica deportiva, eventos musicales, culturales, etc., y todo ello a un precio razonable y contenido.

No es ninguna utopía ni ninguna excentricidad decir que las verdaderas vacaciones, por encima del ranking económico, se encuentran en el estado emocional de la persona, en la consecución del equilibrio y la armonía, más allá de gozar supuestamente de un determinado “estatus” social o económico, o de estar en un determinado momento en un lugar o en otro, más famoso o más discreto, más “fashion” para alardear o más humilde. Y, aunque unas buenas vacaciones pueden favorecer ese equilibrio o armonía (o no), aquí los dos niveles que nos alegran o entristecen son el estado psicológico y el estado interior.

Los expresivos ojos del joven Mudú eran indicativos de que él, por méritos propios, estaría en los primeros lugares de esta clasificación de verdadera felicidad en vacaciones.


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