Desde mi pupitre... La mejor alternativa de las tardes de verano

CARLOS ENCINAS RANCHAL
(Estudiante)

Pasado el mes de Julio, se ha terminado una nueva edición del Oratorio Salesiano Pozoblanco. Para el que no sepa lo que es tengo una definición de dos palabras: ilusión y diversión. Hay gente que me pregunta que es lo que se hace en el Oratorio, que se siente siendo niño o animador y mi respuesta siempre es que hay que estar allí para saber lo que es. Es una experiencia única donde cada año aprendes más cosas, más valores. El Oratorio es una convivencia de un mes de duración.

Este año he tenido la suerte de empezar como animador y la verdad es que es muy diferente a la experiencia que se vive cuando eres niño. Desde el primer día, en la cabalgata que da comienzo al Oratorio, tienes la gran responsabilidad de cuidar a niños, una responsabilidad que como he dicho antes dura un mes, día tras día, tarde tras tarde. No es nada fácil porque hay que saber hacerlo. Los padres te confían a sus niños todas las tardes del mes de julio y tienes que hacer que se diviertan, que se lo pasen bien, que se queden con las ganas de volver cada tarde y cuando finaliza, al año siguiente.

Pero lo peor son las primeras semanas porque al ser niños de 5 y 6 años estos se asustan y empiezan a llorar, a querer irse con sus padres... Pero otros en cambio se hacen amigos rápidamente y se ponen a correr y a jugar. En definitiva los primeros días son un poco caóticos. Si le haces caso a uno porque quiere beber agua tienes a 6 o 7 niños encima que también quieren beber agua cuando hacía 5 minutos que había preguntado si alguien quería beber agua.

Aun así todo esto merece la pena porque solo con el simple hecho de sacarle una sonrisa a un niño, de hacerle reír, de que se lo pase bien merece e incluso de que se quede con ganas de más Oratorio y esté deseando de que llegue el año que viene merece la pena todo el esfuerzo, aunque tengas que hacer el tonto, estar al sol o que te peguen alguna que otra patada jugando al fútbol, porque por la alegría, la bondad, el compañerismo y el dinamismo de un niño se hace lo que sea.

Cuando se acerca el final del Oratorio sientes pena, pena de que se acabe un año más, de que sabes que te han quedado cosas por hacer por mucho que has intentado hacerlas y tendrás que esperar al año que viene para poder cumplirlas.

Pero si de verdad me tuviera que quedar con un momento en concreto de este Oratorio 2015 sería con la fiesta de final de oratorio, verlos con la ilusión de realizar sus bailes que con tanto esfuerzo e ilusión han ensayado cada día y sentir en ellos el orgullo de pertenecer cada uno a su coloso.

Y ahora solo queda esperar. Esperar a la próxima edición del Oratorio Salesiano Pozoblanco que seguro que llegará cargada de ilusión y diversión.

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