Tato seguirá otra temporada más en el Villanueva

EMILIO GÓMEZ
VILLANUEVA DE CÓRDOBA

“No miro los años, miro si mis piernas tienen fuerzas para seguir”

Es el conejito Duracell del Fútbol ‘Y dura, y dura, y dura’. Son pocos los jugadores que con 44 años largos están todavía en activo en el fútbol español. Ni se acuerda ya de los partidos que ha jugado en su vida. Muchos. Es el último mohicano del Villanueva. Ha sido futbolista, pero podría haber jugado a cualquier deporte.

Me decía un jugador jarote, que Tato es el guía, el que organiza el parti do, el que te da la seguridad para que salgas a galopar por el campo. El alma jarota al que quisieron jubilar un verano del 2006. Hace nueve años. Le dieron en el Villanueva una placa en reconocimiento a su trayectoria en el club. Coco y Gutiérrez le dijeron a la directiva rojilla “A Tato ya le ha llegado su hora de reti rarse”. Lo llamaron y una noche le dieron su placa de despedida. Fue un error como también lo fue el de pensar que el San Miguel se quedaba pequeño. “Nos falta estadio para esta aventura” le dijo Gutiérrez a los directivos quienes movieron sus hilos para jubilar para siempre al San Miguel. A partir de ahí, se perdió el aroma de aquellas tardes de fútbol en Villanueva con un campo mítico donde los jugadores saltaban a la arena sabedores que ese fortín era inexpugnable. Decía un entrenador “aquí pasas y sin darte cuenta te devoran como en un circo romano”. Así era, un campo de gladiadores. Recuerdo que un día en el San Miguel, un compañero de radio, me describía a su equipo, el Sevilla Atléti co, que se iba a medir al Villanueva, “somos un equipo con defensas que salen con el balón jugado, medios elegantes, extremos finísimos y delanteros con calidad”. Vais a perder, le dije, ¡esto es el San Miguel, no un estadio de señores! Perdió el Sevilla, como tantos equipos que se fueron comiendo ti erra del viejo estadio jarote.

Uno echa en falta siempre la casa donde ha vivido toda la vida y con quien ha vivido. El Villanueva echó a los obreros de los éxitos y fichó a un autocar del Gran Hermano donde cada uno venía de un sitio y no sabía nada de la filosofía de este club donde el líder era ‘El Tato’. Era el primero en saltar a la arena y ponerse el traje de faena. No le gustaba entrenar pero en los partidos se transformaba. Del Villanueva salió rumbo a Pozoblanco donde estuvo dos años. Fue el hombre de confi anza de Hueso y Neva. En el Pozoblanco jugó a gran nivel a pesar de jugar un año entero lesionado con una tendinitis. A pesar de ello, jugó casi todos los partidos. En el 2008, el Pozoblanco creía que Tato estaba en la puerta de la retirada. Error. Todavía le quedan y le quedaban años de fútbol. Peñarroya y Villanueva fueron sus desti nos siguientes. Todavía sigue en el club que lo vio nacer. Lleva una vida tranquila aunque con ese espíritu competitivo que siempre ha tenido. No quiere perder un partido, ni una partida al dominó (otra de sus pasiones) o el futbolín. No hay quien le gane a las partidas de dominó en el Bar Basilio. Aguantar jugando hasta los 44, es complicado. No es que sea una de las personas que se haya cuidado en exceso. Ha fumado y fuma. No obstante, es de los de pellejo duro. Siempre llevó el pelo largo. Ahora con la coronilla un poco más despejada. Tato es una leyenda del fútbol vallesano.

A sus 44 años, Tato, es uno de los jugadores que más años lleva jugando al fútbol en España./S.R.

-¿Cuál es el secreto de su eterna juventud?
Ninguno, mantenerme en forma sin más.

-La pregunta de siempre, ¿este será el último año?
No lo sé. Son muchos años ya. La verdad es que yo no miro los años. Lo único que miro son las piernas si tienen fuerza para seguir. De momento, está bien.

-Lo han retirado muchas veces pero sigue, ¿cuál fue la primera vez que lo quisieron retirar?
En la época de juvenil. Un año, de repente, empecé a crecer y crecer. Eso me llevó a tener un problema de estabilidad. Me caía. Juan Zamora era mi entrenador y ante las carencias mías, no me sacaba. Me aburrí y me fui.

-¿Y quién lo recuperó para el fútbol?
Galán, que fue para mí, la persona que me hizo futbolista.

-¿Ha sido el mejor entrenador que ha tenido?
Posiblemente, aunque Sedano y Neva han sido muy buenos también.

-¿Y el peor?
Iñaki López Murga.

-La segunda vez que lo quisieron retirar fue en el 2006, ¿verdad?
Sí, el segundo año del Villanueva en 2ªB. Echaron a casi todo el equipo. Me dieron la placa de agradecimiento por los servicios al club.

-¿Fue la temporada donde comenzó la debacle del Villanueva?
Sin duda. Equipo nuevo, sueldos grandes. A los pocos meses, Gutiérrez fuera cobrando un finiquito tremendo, luego Coco que vino ese año como director deportivo y el equipo a pique. Se olvidaron de los que habíamos llevado al Villanueva a la 2ªB.

-¿Cuál fue el partido que recuerda con más cariño?
No sabría. Por quedarme con alguno, el de la ida del ascenso en Torredonjimeno donde marqué un gol importante.

-La mayoría de la gente joven termina pronto su carrera en el fútbol, ¿por qué?
Pues porque no tienen el espíritu que teníamos. Se sacrifi can menos. Yo estuve en Pozoblanco jugando un año cojo, pero cumplí.

-Pero, usted era de los que en los partidos se transformaba aunque no fue un modelo en los entrenos.
No me gustaba entrenar, pero siempre he intentado estar bien para el domingo.




El día que conocí a Tato.

E.G.

La primera vez que hablé con Tato fue en un maratón de fútbol sala en Torrecampo. Posiblemente no se acuerde, yo nunca se lo he recordado. Yo llevaba a la Hamburguesería del Kiko (El Paz y Paz de Pozoblanco). Había fichado a medio Pozoblanco para ese partido (León, Barbero, Leo, Alfredo, Juan Andrés, José Andrés, Balsera, Teo, Juanele Serrano). Nos tocó el Pub Geisel donde estaban el Tato, Mateo, Mejicano, Carbonero, Pica. Nos meti eron 5-1. Palizón. entonces pasaban a cuartos los que habían ganado. Había un solo puesto de repescado para el perdedor que hubiera tenido un mejor coefi ciente de goles. Nosotros teníamos el peor coeficiente. En teoría, eliminados. No obstante, ese día nos encargamos que desparecieran esas normas. Al amigo Pireo, técnico organizador del Maratón, le dijimos que lo justo era hacer un sorteo entre los 7 perdedores como ‘supuestamente’ se había dicho en el sorteo. Nada más lejos de la realidad. Tanto le atosigamos que accedió. Yo mismo puse los papelitos doblados de los repescados en la bolsa. El más protestón con esta medida, fue la mano inocente. Salió el repescado. Nosotros, la Hamburguesería del Kiko éramos los afortunados. ¡Qué casualidad dijo esa noche Tato! No fue tanta casualidad porque todos los papelitos llevaban el mismo nombre. Nadie se dio cuenta. Nos tocó además cruzarnos con ellos y le ganamos 7-2. Al comenzar el partido, Tato me dijo “os vamos a meter cinco otra vez”. Esa vez no. Finalmente los eliminamos y luego ganamos el Maratón que por entonces eran 300.000 pesetas de las de entonces. Casi nada. Al maratón siguiente, Tato y Mateo jugaban con nosotros.

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