El sabor tradicional de la Huerta La Monja

EMILIO GÓMEZ (Pozoblanco)




“No hay nada como comerse un picadillo con productos de la huerta” decía Juan Francisco Herruzo, responsable junto a Transi de La Huerta La Monja. Y es que a la gente le gusta comerse un tomate que sepa a tomate. No hay nada mejor que un tomate de verano. Haciendo un símil con el jamón (tomate ibérico de pura raza). Su lema que “estén buenas de comer las cosas que se críen aquí”. Todo empezó hace muchos años cuando la bisabuela de Juan Francisco llegó desde Murcia vendiendo pimentón a estas tierras. La famosa huerta murciana. De esa manera heredamos el legado gastronómico de las verduras, hortalizas y legumbres que crecían en la huerta murciana.



Para la familia de Juan Francisco, las huertas fueron el inicio de muchas cosas. Los ganaderos de Los pedroches antes de dedicarse a las vacas fueron hortelanos. De hecho siempre se decía “vamos a la huerta a trabajar” aunque fueran a ordeñar. El oficio de hortelano es muy tradicional. Estuvo a punto de perderse esta digna profesión aunque cada día va a más por la crisis y porque a la gente le atrae tener su huerto con sus tomates, pepinos, lechugas.

Lejos quedan aquellos años donde la gente vendía la verdura en la casa o en la plaza como hacía la familia de hortelanos de la Huerta La Monja. Sus antepasados se dedicaban a la huerta tradicional antigua del Valle de los Pedroches regando con un sistema antiguo donde se consumía mucha más agua. Empezaron a hacer invernaderos. Una aventura. Poco a poco fueron creciendo demostrando que los invernaderos funcionan.


Decidieron montar un semillero. Hoy el 80% de la producción es planta hortícola. Es un oficio precioso donde ensayan con plantas que las cuidan antes de nacer. Le importa mucho el tema de la genética para que a sus clientes le funcionen y le produzcan las plantas. Las prueban con nuestro clima que tiene menos tiempo de producción al tener más invierno. Cuenta con instalaciones técnicas equipadas con la tecnología más vanguardista con un invernadero muy grande. Nada tiene que ver este semillero con la huerta de antes aunque el pepino, tomate y la lechuga de La Monja siguen siendo famosas como hace 80 años.

También los colores de las flores inundan su huerta. Si las rosas son las “reinas de las flores” las plantas de geranios son indudablemente “las señoras de los balcones” porque no se sabe cómo, no se sabe por qué, pero con unas pocas gotas de agua y algunos centímetros de tierra le transmiten a uno una gran manifestación de vida que te deja sin palabras. A Juan Francisco le encanta ver en los balcones plantas que ellos mismos han producido.


La Huerta La Monja es un disfrute para los sentidos. Olor, color y sabor. Una apuesta decidida por la agricultura integrada, tratada y responsable con el medio ambiente.

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