A la Virgen de Luna me voy mañana...

JUAN BAUTISTA CARPIO DUEÑAS 
(Director del Museo PRASA Torrecampo)

Según la tradición, la Virgen de Luna fue en principio venerada por igual por los vecinos de Pedroche, Pozoblanco y Villanueva de Córdoba. La imagen sería llevada en procesión a cada uno de los pueblos, donde pasaba tres meses, permaneciendo los tres restantes en su ermita de la Jara. Pero un día, una gran tormenta provocó la subida del nivel de los arroyos y los vecinos de Pedroche desistieron de ir a recoger la imagen al santuario, perdiendo todos los derechos que tenían sobre la misma. A partir de ese momento, la Virgen de Luna pasaría a ser propiedad únicamente de Pozoblanco y Villanueva de Córdoba, y permanecería cuatro meses en su ermita y otros cuatro en cada uno de los dos pueblos.

No tenemos constancia documental de este hecho. Ni siquiera contamos con documentos que vinculen la Virgen de Luna a Pedroche. Aunque, como puso de manifiesto Antonio Merino en un artículo sobre el tema publicado en la revista Demófilo (núm. 17, 1996), este culto siempre ha tenido una gran aceptación en toda la comarca. La propia historia de Los Pedroches nos permite pensar que detrás de la leyenda hay, como mínimo, cierta parte de verdad. De hecho, todo parece indicar que, si exceptuamos el recurso narrativo de la gran tormenta, la leyenda pudo tener una clara base histórica.

Para ver qué parte de realidad puede esconderse detrás de la leyenda tenemos que empezar delimitando cuándo pudieron suceder los hechos que, transmitidos –y alterados parcialmente- de generación en generación, conforman el relato tradicional. El pueblo de Pedroche no aparece directamente vinculado a las celebraciones documentadas del siglo XVII ni a las obras y reformas en el santuario de la Jara de fines del siglo XVI. Precisamente en esta época, en concreto en el año 1589, se documentan los primeros conflictos que conocemos entre Pozoblanco y Villanueva de Córdoba en torno a derechos sobre la ermita y la imagen. Sin alusión alguna a Pedroche que, de haber ostentado algún derecho en el pasado, lo habría perdido antes de fines del siglo XVI.

Antes de fines del siglo XVI… pero ¿mucho antes? No parece posible. Fundamentalmente, porque tanto Pozoblanco como Villanueva habían sido aldeas de Pedroche hasta 1478 y 1553 respectivamente. Y la leyenda presenta a las tres poblaciones como entidades de la misma categoría, sin que ninguna de ellas esté ya sujeta a la jurisdicción de la villa de Pedroche. En principio, por lo tanto, podríamos situar los hechos a los que se refiere la leyenda entre 1553 y alguna fecha anterior a 1589.


 Virgen de Luna /SÁNCHEZ RUIZ

Sin embargo, un análisis crítico de los datos disponibles nos puede llevar a matizar parcialmente esta cronología tan ajustada. Para ello, debemos tener en cuenta que la leyenda se crea y difunde desde Pozoblanco y Villanueva, y no podemos descartar que el resultado no fuera interesado. A pesar de no recibir el privilegio de villazgo (y con él la independencia de Pedroche) hasta 1553, resulta significativo que la antigua población conocida como Encina Enana cambiara su nombre por el de Villanueva de Córdoba en 1499. El nuevo nombre muestra claramente los deseos de independencia de la que, a pesar de llamarse “villa”, mantendría durante más de medio siglo su estatus de aldea de Pedroche. Por ello, podemos concluir que el hecho legendario se podría haber producido antes de 1553, aunque en ningún caso antes de 1499.

De ser cierta la narración tradicional, Pedroche habría perdido sus derechos sobre la Virgen de Luna en algún momento de la primera mitad del siglo XVI. Un tiempo en el que Pozoblanco está experimentando un importante desarrollo ligado estrechamente a la industria textil. Y coincidente con unas décadas en las que Villanueva de Córdoba está pugnando por conseguir eximirse de la jurisdicción de Pedroche, por dejar de ser legalmente una simple aldea para contar con plena autonomía de autogobierno. Unos años, por lo tanto, en los que las dos poblaciones aprovecharán cualquier resquicio para reafirmar su propia identidad, que se encuentra aún en fase de formación. Y todo ello habría sucedido en un marco geográfico de enorme interés, en el quinto de Navarredonda de la dehesa de la Jara.

La dehesa de la Jara, Ruices y Navas del Emperador pertenecía desde la conquista cristiana del siglo XIII al término común de la ciudad de Córdoba, siendo administrada por los concejos de la villas realengas de la comarca: Gahete (Belalcázar) y Pedroche. Con la creación del señorío de Belalcázar en 1444, será el concejo de Pedroche el encargado de controlar las tierras no señorializadas de la comarca, y el beneficiario directo de las rentas y frutos de esta gran extensión territorial. En el siglo XV, algunas de las pequeñas poblaciones nacidas como aldeas de Pedroche comienzan a independizarse de la villa matriz. Pero en lugar de partir sus términos o áreas de influencia, las nuevas villas (siete en total desde mediados del siglo XVI) compartirán el aprovechamiento de la extensa dehesa. El santuario de la Virgen de Luna, en una posición central y casi equidistante entre Pozoblanco y Villanueva, sería a comienzos del siglo XVI un hito fundamental, que reivindicarán ambas poblaciones como elemento singular para diferenciarse de su antigua villa matriz, Pedroche. Así nace una leyenda que calará en el imaginario colectivo hasta convertirse en un importante elemento del patrimonio inmaterial de nuestra comarca. (continuará).

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