Si la Torre de Pedroche...

JUAN BAUTISTA CARPIO DUEÑAS
(Director del Museo PRASA Torrecampo)

Si la torre de Pedroche fuera de miel y meloja, ya se la hubieran comido los golosos de La Añora. Son muchas las páginas que podríamos dedicar a uno de los monumentos más emblemáticos de la comarca de Los Pedroches: la torre de Pedroche. Sin embargo, he querido empezar con esta cancioncilla, recogida por Aliara en su disco “Canciones, corros y juegos infantiles en el país de Los Pedroches” (1999), porque para nuestra comarca la torre de Pedroche es más que un monumento, mucho más que simple arquitectura.

La propia ubicación de la villa de Pedroche, en alto, nos recuerda su antiguo papel como enclave defensivo. Aunque nada queda de la antigua fortaleza, derribada definitivamente durante una revuelta popular en los confusos años de la guerra civil que enfrentaba en Castilla a Isabel la Católica con Juana la Beltraneja (1478). En el centro del antiguo núcleo encastillado se construiría, en diferentes fases a lo largo del siglo XVI, la torre de la Iglesia del Salvador.

Independientemente de la magnífica estructura y de la belleza del interior de la torre, en cuyo diseño participó Hernán Ruiz II, el más destacado arquitecto del Renacimiento cordobés, esta construcción destaca especialmente por las magníficas vistas que ofrece. Desde arriba, es posible divisar buena parte de la antigua Dehesa de la Jara y, salpicando los encinares, los caseríos de los distintos pueblos que una vez fueron aldeas de Pedroche. Un amplio territorio desde el que, a su vez, la torre de Pedroche es un elemento siempre presente, emergiendo sobre la dehesa. Porque la torre de la iglesia parroquial conservó una de las importantes funciones que cumplía la antigua atalaya del castillo: siempre ha servido no sólo para ver, sino también para ser vista.

Torre de Pedroche. /RAFA SÁNCHEZ RUIZ

Mucho antes de la construcción de la torre, en el lugar que ocuparía estaba situado uno de los más importantes centros militares del norte de Córdoba: el castillo de Petroch. Durante el siglo XI había adquirido una enorme importancia. Era entonces uno de los núcleos principales que, al norte de la ciudad de Córdoba, mantenían la vigilancia de una frontera cada día más cercana (Toledo fue conquistada por los castellanos en el año 1085). Poco tiempo después, esta cercanía de la frontera convertiría a nuestra comarca en un territorio peligroso, y el castillo de Pedroche terminaría abandonado y muy deteriorado desde mediados del siglo XII.

En 1236, los castellanos tomaron definitivamente Córdoba y por esas fechas debió de producirse la conquista de Pedroche. Durante las siguientes décadas, el gran problema será la falta de pobladores, pero a partir del siglo XIV Pedroche va creciendo y algunos de sus vecinos comienzan a poblar las aldeas de Torremilano (Dos Torres), Pozoblanco, Torrecampo, Alcaracejos, Añora y Villanueva de Córdoba. Todas ellas dependientes de Pedroche. Todas a la vista del reconstruido castillo.

En 1478 está terminando en Castilla una larga guerra civil, en cuyo transcurso Gonzalo Mexía, señor de Santa Eufemia, se ha hecho fuerte en el castillo de Pedroche, con la intención de integrar toda la comarca en su señorío. En este contexto, los vecinos de Pedroche, Torremilano, Pozoblanco y Torrecampo y los vecinos de las aldeas, “juntándose en asonada” y “dándose favor y ayuda”, protagonizarán una verdadera revuelta popular que terminó con el total derribo del castillo, hasta no dejar piedra sobre piedra. Nunca más se reedificará, pese al mandato expreso de la reina Isabel, y en su lugar se construirá la nueva Iglesia parroquial y su imponente torre.

A pesar de que las aldeas van dejando de depender del concejo de Pedroche al convertirse en villas independientes, durante los siglos XV y XVI, la estrecha relación entre los siete pueblos no desaparece. Mantendrán la Dehesa de la Jara como término común, y para tratar sobre el reparto de sus frutos se reunirán periódicamente sus representantes en la ermita de Piedrasantas. Los vecinos de lo que un día fueron aldeas han seguido vinculados de alguna forma a la villa que estuvo en sus orígenes.

Y la torre de Pedroche ha estado presente a lo largo de la Historia en nuestro espacio cotidiano. Ofreciendo la seguridad de las cosas bien hechas en una gran dehesa que parece girar en torno a un eje que es la torre. Porque se ve, y porque se siente como algo propio, es patrimonio nuestro. Y no es sólo Patrimonio Monumental, porque también está muy presente en dichos, en refranes, o en canciones infantiles como la que servía de entrada a este artículo. Una letra la de esta cancioncilla de corro que, más allá de las tradicionales puyas entre los pueblos, pone de manifiesto cómo la torre no sólo es de Pedroche, sino también de Añora, del conjunto de Los Pedroches.

Por eso creo que la Torre de Pedroche nos ofrece un buen ejemplo de nuestro Patrimonio, tanto material como inmaterial. Y, para los que nunca hayáis subido, os recomiendo hacerlo. Es una visita obligada.

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