La Salchi

JUAN BAUTISTA CARPIO DUEÑAS
(Director del Museo PRASA Torrecampo)

La comarca de Los Pedroches es un espacio dotado de unas importantes señas de identidad comunes que se han ido forjando a través de la historia. Pero esto no significa que cada uno de los pueblos que la integran no cuente con su propia personalidad. Desde las primeras noticias históricas disponibles, del siglo XV, Pozoblanco se ha caracterizado por ser un pueblo en el que la industria (la artesanía) y el comercio han tenido un gran protagonismo. Dentro de esa “pequeña ciudad” que es Los Pedroches, Pozoblanco se convirtió muy pronto en un activo centro económico.

A este tradicional dinamismo solemos echar la culpa de la destrucción casi sistemática de nuestro Patrimonio Arquitectónico. En este pueblo activo y cambiante, las transformaciones de su casco histórico han sido constantes. Tras las grandes reformas del siglo XX, hoy Pozoblanco no cuenta con conjuntos arquitectónicos como los formados por las fachadas de Dos Torres, Pedroche, Torrecampo, Belalcázar… Tanto es así, que en demasiadas ocasiones tendemos a pensar que Pozoblanco no tiene historia (olvidando que existía hace nada menos que seis siglos) ni Patrimonio Histórico digno de ser conservado y apreciado.

Camiones en el patio

Uno de los ejemplos que desmienten esta idea de que no tenemos nada digno de conservar es el edificio que albergaba la antigua fábrica cárnica de Industrias Pecuarias de Los Pedroches, conocido como “La Salchi”. Tengo que reconocer que se trata de una construcción que siempre me ha parecido especialmente interesante, puesto que a sus innegables valores arquitectónicos suma una presencia clara en el imaginario colectivo de todo un pueblo. Porque la centenaria fábrica fue creada para aprovechar desde nuestra tierra el valor añadido que la elaboración y comercialización de productos sumaba al aprovechamiento ganadero. Respondiendo de esta forma de manera perfecta al perfil de un pueblo en cuya economía, como he comentado, industria y comercio siempre han jugado un papel protagonista.

La Sociedad Industrias Pecuarias de Los Pedroches fue fundada en abril de 1924, ostentando la presidencia D. Moisés Moreno. Inmediatamente comenzó la construcción de una gran instalación industrial con su correspondiente matadero, en las proximidades de la vía férrea que facilitaría la salida de los productos hacia todo el mercado español. La apertura de la fábrica dio comienzo a una nueva fase de la Revolución Industrial en Pozoblanco, y no sólo por sus dimensiones, el número de trabajadores y lo ambicioso del proyecto. La fábrica utilizaría en su funcionamiento la energía eléctrica, una novedad en el Pozoblanco del primer cuarto del siglo XX, lo que terminaría dando lugar a la electrificación de todo el pueblo y a que Industrias Pecuarias comenzara a explotar como negocio entonces secundario el de la distribución de electricidad. Además, las actividades de manufactura y comercialización eran mimadas por la nueva empresa con una visión totalmente moderna. Los esfuerzos por consolidar una potente imagen de marca en el mercado nacional nos han dejado uno de los testimonios históricos más interesantes de la época, en forma de documental publicitario rodado en torno a 1926. Una película que, permitidme el inciso, al igual que el edificio de La Salchi o la historia de Industrias Pecuarias de Los Pedroches, merecería varios de estos artículos.

Fundadores InPecuarias

Para albergar las naves de fábrica, el propio diseño arquitectónico resulta realmente moderno. Sin recurrir a grandes alardes estilísticos, las tres naves ordenadas en torno a un gran patio central permiten el funcionamiento perfecto de las diferentes fases del trabajo. Y el conjunto, con sus fachadas en las que predomina la piedra y la cal (sin otro particular, como diría el poeta), resulta armonioso. Hasta el punto de que su imagen terminó convirtiéndose en uno de los principales logotipos de la empresa. Le lanzaremos el guante a Antonio Ángel Ballesteros para que, a través de esta sección dedicada a nuestro Patrimonio Histórico, nos ofrezca una visión más certera sobre el valor arquitectónico de un edificio del que queda mucho por contar.

El patio, que desde hace unos años se llena de vida cada verano para albergar el escenario principal del Folk-Pozoblanco, es un elemento fundamental en este conjunto. Y en él descubrimos, enfrentados, dos paneles de azulejos que representan por un lado a Jesús del Gran Poder y, en frente, a Nuestra Señora de Luna. La firma de los paneles nos permite adscribir su realización a la fábrica de D. Manuel Ramos Rejano, autor entre otras obras de la azulejería de los pabellones de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 (entre ellos, los conservados en el Parque de María Luisa). Lo que nos demuestra que, pese a la sobriedad general del diseño, en la construcción y decoración del edificio se cuidaron al máximo todos los detalles.

La Salchi y el tren

En el interior destaca el antiguo despacho con mostrador de mármol y alicatado en blanco, las cubiertas con estructuras de madera o de hierro forjado o los techos cuajados de ganchos para la apertura de canales o el secado de jamones o embutidos. Mientras que la estructura y el exterior del edificio fueron rehabilitados con acierto en 2009, el interior permanece necesitado de restauración. Unas obras que tendrían que culminar con la dedicación de este emblemático edificio a un uso compatible con la conservación de sus valores patrimoniales esenciales. Espero que en un futuro no muy lejano podamos ver cómo el Ayuntamiento de Pozoblanco, propietario del inmueble, ejecuta el proyecto de creación del Centro de Patrimonio Histórico asumido por la institución desde hace varios años. De esta forma, además de conservar el edificio recuperaríamos su valor original como símbolo del Pozoblanco más emprendedor.


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