Crisis de valores

PEDRO JESÚS ARÉVALO FRUTOS
(Ldo. en Medicina y cirugía)

Crisis. Según unos, ya hemos salido de ella mientras continúan los desahucios y la emigración en busca de puestos de trabajo; según otros permanecemos en su profundidad, usándola como arma arrojadiza en lugar de aportar soluciones a la misma. Tras ver la portada de los principales diarios nacionales comprada por Banco Santander se alcanza la conclusión de que recibimos una información sesgada, que dificulta alcanzar una opinión ecuánime. En la mayoría de los casos el término crisis se usa para referirse al ámbito económico. En este país hemos dado un paso más. Hacia atrás. Porque sí, nos enfrentamos a una crisis. Pero a una crisis de valores.

Educación. La base de una población es su educación. Miles de familias hacen malabares para llegar a fin de mes y ajustan aún más su cinturón para procurar a sus vástagos un porvenir. Aparece la propuesta del 3+2, incrementando el coste económico de los estudios. Si se impone retrocederemos 40 años, cuando el hijo del acaudalado podía formarse y el del obrero debía hincar las rodillas. Cuando un hombrecito gallego con voz de eunuco y tendencia sexual controvertida para la época alentaba a sus huestes desde un balcón en Madrid. Un pueblo inculto es más manejable. Vulnerable.

Sanidad. Disfrutamos de un sistema sanitario que no merecemos, básicamente porque no lo valoramos. Un sistema que está cambiando. Desde hace años las Autoridades Sanitarias lanzaron una agresiva campaña para reducir el consumo de tabaco con mensajes en las cajetillas. Hace poco leí una: “Fumar mata”. Paradójico a la par que hipócrita advertir la muerte por el consumo de una droga legal mientras se retira el oxígeno domiciliario a pacientes en los que aumenta su esperanza de vida, se niega la atención sanitaria al inmigrante que alcanza nuestras costas; o más recientemente, se proporciona sólo en reducidos casos un fármaco contra la hepatitis C, sofosbuvir, con cuotas de curación del 95%. Al parecer la vida de unos vale más de lo que otros. La Salud es algo demasiado importante para jugar con ella. Porque una vida, no tiene precio.

Igualdad. Se estableció la paridad en las listas electorales para asegurar así la presencia de la mujer en el panorama político. Lleva esto a una falsa creencia de igualdad en la sociedad. A los datos me remito, recientes estudios económicos muestran la desigualdad salarial entre hombres y mujeres de una misma cualificación. Es duro ver como investigadoras de nivel mundial como Margarita Salas declaran “no se prestaba atención a mis estudios por el mero hecho de ser mujer”. Señores, la Edad Media y el derecho de pernada quedaron atrás. Dejen de vender una sociedad igualitaria y establezcan medidas para llevarla a cabo; pues mientras haya estas diferencias por el mero hecho de ser de diferente sexo, seguiremos estancados en épocas históricas que según el calendario, hace mucho que dejamos atrás.

Tolerancia. Funestas noticias las que llegaron desde Francia, cuando el terrorismo islámico arremetió contra la racionalidad y la libertad de expresión en la sede de la revista gala Charlie Hebdo. Soy el primero que condeno esta barbarie. Pero me sorprendió leer ciertas reacciones al respecto, generalizando el odio hacia todo el mundo árabe. Más incluso entre los conciudadanos de nuestra localidad; donde uno de nuestros iconos del deporte es de procedencia marroquí. Hablo de Charaff, jugador del CD.Pozoblanco. Tengo la gran suerte de conocerlo desde mi más tierna infancia. Me atrevo a decir que cualquiera que lo conozca podrá decir que es de las mejores personas que se ha encontrado en su camino. Jamás me impuso sus creencias o valores. Aprendimos y compartimos el uno del otro. Porque generalizar, es siempre un error. No es justo que pague toda una cultura por un puñado de asesinos. NO es justo que paguen justos por pecadores.

Sociedad. Basta darte un simple paseo por las calles de nuestra ciudad para ver que la sociedad ha cambiado mucho en pocos años. Hemos pasado de personas a autómatas pegados a un teléfono móvil. Que se ha perdido el saludo porque se está enviando un Whattsapp. Que no se vive la vida porque se está retransmitiendo a través de las redes sociales. Alienados. Dijo Albert Einstein que “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. Vivan. No dejen de vivir su vida por estarla contando.

Economía. Álgido punto del panorama actual. Se acerca el período electoral y se nota. Se celebran grandes cifras en la bajada del paro; pero se enmascara que en su medida son debidos a contratos temporales. En mi grupo más cercano todos son licenciados o diplomados tras duras carreras. Qué bueno dirán. El reverso de la moneda muestra la cruz. En un alto porcentaje se encuentran en paro o han emigrado en busca de la oportunidad que su país les niega. A nivel local tras unos años sin movimiento alguno, salvo la increíble adquisición de badenes como si se tratara de fascículos de una colección, ves en cuestión de meses medio pueblo levantado cual madriguera. No nos vendan cifras, dennos realidades. Oportunidades para un trabajo. Pero eso sí, un trabajo digno.

Política. Último punto a tratar pues creo que en él radica todo lo anterior. Tenemos la oportunidad de hablar en las urnas en tres ocasiones. En un país donde manifestarse se ha convertido en un delito, la voz del ciudadano de a pie queda restringida a un voto en una urna. A nivel local, tras varias trifulcas se ha roto el pacto de gobierno, creando una inestabilidad y una vorágine de caos en la ciudadanía. Algunos no saben ya que hacer para aferrarse a la poltrona. A nivel de nuestra Comunidad Autónoma, ninguneada por el partido que gobierna a nivel nacional pero que ahora muestra interés en obtener su voto pues puede ser decisivo de cara a las elecciones generales; mientras que el PSOE encubre a sus miembros señalados en lugar de hacer que sea más accesible su juicio y condena. A nivel nacional, donde la política se basa en una serie de reproches al estilo de “y tú más”, como infantes en el patio de un colegio. Celebro el surgimiento de nuevos partidos de toda ideología, pues refleja el hastío del pueblo hacia la clase política, la necesidad de un cambio. Espero que estas elecciones sea un voto de castigo al bipartidismo, bipartidismo compuesto por un PP que financia en B su sede política mientras sus integrantes condenados por la justicia pasan su pena esquiando en Baqueira-Beret; y un PSOE al que le sobran las siglas de Socialista y Obrero desde hace varias legislaturas y que se ha visto retratado por los ERE. El bipartidismo es un cáncer que debe ser extirpado. Parafraseando a Robespierre “Castigar a los opresores es clemencia; perdonarlos, es barbarie”.


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